viernes, 7 de junio de 2013

Sobre el relato de los relatos y las interpretaciones de la realidad.


En estos tiempos que corren con debates sobre relatos e interpretaciones diversas sobre la realidad, me pregunto:

Suponiendo que yo fuera un chico de 17 años, que vivió la década reciente, siendo un hijo único de una familia pobre, humilde y trabajadora de Remedios de Escalada, con reminiscencias de la desocupación de los 90, contadas por mis padres.

Si mis padres dejaron de tener problemas para emplearse hace 7 años, gracias al aumento de la actividad y el crecimiento económico, mejorando de a poco su situación económica y por ende la del núcleo familiar.

Si a mis padres les facilitaron mi manutención gracias a la asignación universal por hijo, que complementa sus ingresos, y yo vivo menos discusiones o problemáticas familiares producto de la escasez de recursos y todos los problemas personales y familiares que de ellos se derivan.

Si a su vez yo recibí una netbook para poder estudiar actualizándome tecnológicamente, pero siendo esta, un bien al que no hubiera podido acceder fruto del ingreso de mis padres.

Si ahora tengo una o varias universidades del conurbano, donde podré asistir a realizar estudios universitarios permitiéndome el desarrollo de mi vocación, que 10 años antes no existían y que me permitirán, no sin esfuerzo, con el tiempo, ser la primera generación de universitarios de mi familia.

Si ahora que como ciudadano quiero comprometerme para defender, todo lo mencionado en los puntos anteriores, porque soy y fui beneficiario directo y puedo ejercer el derecho optativo al voto, además de militar participando de alguna agrupación política porque el miedo impuesto por el terrorismo de estado mediante la tortura el homicidio y la desaparición, se disipo, no a bajo costo para el conjunto de la sociedad, pero ahora todo se discute y todos tienen derecho a expresarse libremente.

¿De que relato me estarían hablando?,¿Los relatos nunca representan a nadie?, ¿uno debe renunciar a la defensa de sus propios intereses?, ¿en pos de que?, ¿uno debe renunciar al ejercicio de sus derechos?, ¿en pos de que?.

Si dejo de ser el adolescente hipotético del planteo inicial y paso a ser Facundo Frattini Ciudadano Argentino, ¿no tengo derecho estar a favor del gobierno que logro, entre muchas otras cosas de similar o mayor importancia, las mejoras anteriormente descriptas?.

¿Es tan difícil de entender que si se crearon 5 millones de puestos de trabajo, se multiplico en términos reales la jubilación mínima a mas del doble (alcanza a 6,5 millones de jubilados), si se creo la AUH que llega a 3,5 millones de chicos, de los que mas lo necesitan, además de la construcción de escuelas, universidades y hospitales, el alcance de todas estas mejoras es masivo?.

¿Es tan difícil entender, que si todas estas mejoras son masivas, es lógico que el proyecto político que las genero, ganara las elecciones presidenciales con votos crecientes (22%,45% y 54%)?, ¿es decir concito una mayor aprobación fruto de la gestión?.

¿Que parte no puede entenderse de que quienes se alegran de que el prójimo mejore sus condiciones de vida y no construyen sus triunfos a partir del fracaso o el sufrimiento ajeno, apoyaran mayoritariamente este proceso?.

Si según Maquiavelo al igual que Hobbes:

“la sociedad es el reino de los intereses enfrentados, de modo que el gobierno consensual es imposible. Solo podrá gobernar quien este en condiciones de sacrificar algunos intereses y resistir la presión de los perjudicados”.

Y Según Rousseau:

“Si la vida política de una sociedad esta marcada por las discrepancias y por la incapacidad de construir grandes mayorías, eso es un indicio de que alguien estaba trabajando a favor de sus intereses particulares y no del bien común.
Las discrepancias son tratadas por lo tanto, como el síntoma de una patología. Las buenas decisiones están al alcance de la mano y los pueblos pueden encontrarlas a menos que les pongan obstáculos. Si un pueblo tiene dificultades en llegar a consensos, eso demuestra que alguien lo esta entorpeciendo”.

¿Que parte no se comprende que el 54% actual, tanto como el 45% anterior, y el próximo porcentaje de la población que se vea representado por el actual oficialismo, tiene derecho a informarse según sus creencias y sus propios intereses y no el de las minorías dominantes?.

¿Soy un obsecuente acaso?, ¿o un ignorante?, ¿o alguien que defiende lo indefendible o justifica lo injustificable?, frase en la cual un prejuicio, algo es injustificable, se antepone en orden de importancia al argumento, cosa rara pues, la endeblés argumental, seria lo que tornaría algo injustificable, y no la preconcepción sobre la injustificabilidad del tema que debiera debatirse.

No soy ninguna de las 3 opciones anteriores, salvo que alguien logre demostrarlo con argumentos sólidos.

Soy el hijo de un trabajador ferroviario que tuvo sus 17 años en 1995, época en que la cultura del trabajo no alcanzaba ya que no lo había, y el poco que había era en condiciones de explotación extrema (para grandes mayorías), que serian poco comprensibles para las nuevas generaciones que no lo vivieron.

Soy alguien cuya vocación fue cancelada porque la decisión de las autoridades políticas, democráticamente elegidas por mayores de 18 años, fue la destrucción del aparato productivo nacional y la reducción constante de los presupuestos educativos, las decenas de miles de técnicos, que por esos años, estábamos en formación, tendríamos que dedicarnos a otra cosa ajena a nuestra vocación.

Por eso pienso como pienso y defiendo lo que defiendo, porque me hace profundamente feliz que exista gente que goce de aquellos beneficios de los que yo no pude disfrutar, y que pueda ejercer los derechos que yo no pude ejercer plenamente, y porque no necesito el sufrimiento del prójimo o su explotación o sumisión, para sentirme pleno como persona.

Por eso resulta mas que certera la frase “La patria es el otro” somos y podemos ser parte de algo mas grande que nosotros mismos, podemos ser parte de un proyecto colectivo que nos trascienda, y por suerte muchos lo estamos entendiendo.

Los siguientes son Fragmentos de “Nacimiento y transfiguración de una fe, que también puede ser de otros”, de Tierra sin Nada Tierra de Profetas de Raul Scalabrini Ortiz.

El hombre habla frecuentemente de su vida, pero pocos, en verdad, la habrán palpado como una unidad consistente. Yo, al menos, no la he sentido así. He tenido días, simplemente. Días de sufrir. Días de esperar. Hubo momentos magnéticos, como relámpagos, y grandes zonas de depresión. A mis días le faltó conjunción. Fueron los unos extrañamente ajenos a los otros. Ni aun en la plasticidad del recuerdo se refunden. Les faltó sometimiento a una empresa más grande que ellos mismos. Les faltó subordinación a una fe. Desde ese punto de vista, mis días fueron característicos de una generación que se relajaba en el descreimiento. Por eso hablo en primera persona. Se habla de sí mismo por orgullo o por humildad zoológica, como hablaría de sí el tero, el chajá o el ñandú.

Mi búsqueda fue desesperada sin saberlo. Sin una creencia, el hombre vale menos que un hombre. Sus poderes se amenguan, su vitalidad se marchita. Ignoraba que fuera tan arduo el aprendizaje del saber creer. Con premurosa ingenuidad hurgué todos los conocimientos. Mi puericia, mi adolescencia y parte de mi juventud se fraccionaron entre el revelado chacoteo de la calle y la disciplina del estudio.

Cada creencia implica una concepción propia e integral del mundo, y la mía naciente presuponía un imperativo de primordialidad, una virginidad mantenida a toda costa. Era preciso mirar como si todo lo anterior a lo nuestro hubiera sido extirpado. La única probabilidad de inferir lo venidero yacía, bajo espesas capas de tradición, en el fondo de la más desesperante ingenuidad.



Así brotó en mí una fe alegre. La alegría viene de adentro, es una creencia armónica tan bien calzada con el ser que no necesita deshacerse en carcajadas. La legítima alegría es una incandescencia del espíritu. Desde entonces mi vanidad es, no de libros leídos sino de vidas hojeadas en que sentí similitud con la mía. Mi orgullo: el saber licuarme entre los hombres que sienten como yo. Mi fe: la de que los hombres de esta tierra poseen el secreto de una fermentación nueva del espíritu.

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